
Siempre que me ducho pienso lo mismo: qué suerte tengo de poder ducharme, de poder abrir un grifo y que salga agua.
Antes no lo pensaba tanto, pero desde que leí hace un par de años "Ensayo sobre la ceguera" de Saramago, todas las comodidades del mundo moderno me parecen un lujo. ¿Alguien se ha planteado lo que pasaría si dejara de haber electricidad y agua corriente? Podemos alumbrarnos con velas, pero la electricidad hace mucho más que dar luz. Y qué decir del agua.
Si viviéramos en el campo sería más fácil volver a los tiempos en los que la gente recogía lo que plantaba y se bañaba en el río. El problema es que casi todos vivimos en ciudades de hormigón, donde cuando queremos comer vamos al supermercado y cuando queremos lavarnos abrimos un grifo.
Saramago hace un ejercicio increíble planteando lo que ocurriría si dejáramos de tener agua y electricidad. Lo hace inventando una extraña enfermedad que deja ciego a todo el mundo y lleva la situación hasta el límite. Tenemos tal dependencia de las comodidades que nosotros mismos hemos creado, que el día que desaparezcan se generará un caos que nos llevará directamente a la ley del más fuerte. Pone los pelos de punta.
Sinceramente, en su día me costó leerlo. Algunos pasajes son muy duros y pasé un par de semanas bastante impresionada. Durante mucho tiempo no lo he recomendado a nadie precisamente por eso a pesar de que me parece muy bueno.
Y desde entonces, cada vez que me ducho o hago la compra, pienso en lo afortunados que somos y en qué nos deparará el futuro.