domingo 30 de agosto de 2009

Premio


Aurin me concedió este premio la semana pasada. Gracias por el premio y sobre todo gracias por acordarte de mí y leerme. Me hace ilusión que digas que mi blog tiene luz.

Para mí, los cinco blogs más luminosos son:
- ¡Hoy puede ser un gran día! de Inma.
- La casa de Cloti de Cloti.
- Mi mundo de papel de Chema.
- Retales de vida de Susana.
- Pequenos contos de Carmen.

Los cinco blogs son completamente distintos y cada uno tiene su propio estilo, contenido y personalidad, y me gustan tanto las recetas, recomendaciones cinematográficas y anécdotas de Inma como el humor de Cloti, los números de Chema, las reflexiones y debates de Susana y las pequeñas historias de todos los días de Carmen.

Un beso a todos y ánimo a los profes que os incorporáis (nos incorporamos) esta próxima semana.

ACTUALIZACIÓN: Veo que casi todos tenéis ya el premio, siempre me pasa lo mismo. Jo. Qué pequeño es internet. En fin. De todas formas no pienso retractarme. Me encantan vuestros blogs.

jueves 20 de agosto de 2009

V.P.O.

Ojiplática estoy.

Uno de mis vecinos tiene aparcado en su plaza de garage un Rolls Royce. Cuando he salido esta mañana me he quedado alucinada y he pensado que serían tonterías mías y que no conozco bien las marcas de coche, que me he equivocado. Al volver a casa he parado el coche y me he fijado mejor y lo he leído con mis propios ojos. Rolls Royce.

Hombre, las viviendas de protección oficial son más baratitas que las libres, pero desde luego a mí no me da para cambiar mi citroen saxo por un rolls. Y menos en los tiempos que corren.

Seguro que hay alguna explicación lógica, tiene que haberla... porque la semana pasada, en esa misma plaza de garage había un audi descapotable. O mi vecino es un quinqui o se dedica a la compraventa de coches. O es más ahorrador que yo.

miércoles 19 de agosto de 2009

Vaciar una casa, vaciar una vida

Es la segunda casa que me toca ayudar a vaciar y limpiar.

Cuando alguien se muere te deja con un montón de tristeza con la que no sabes qué hacer, con un agujero que tardarás en tapar y que quizá nunca llegue a estar cubierto del todo, pero eso no es lo peor. Lo peor es visitar su casa.

Las casas de los muertos no son como las casas de los vivos. En cuanto el propietario ha pasado a mejor vida, parece que se vuelven rancias de golpe. De repente, parece que hay más polvo, más silencio. En realidad están igual que el día anterior, pero por alguna razón todo parece diferente.

Abres un cajón y te encuentras con cartas, fotos, recuerdos absurdos que quizá significaron algo para la otra persona. Lo más fácil es cogerlo todo, meterlo en una bolsa y tirarlo a la basura. Mi madre es experta en eso. A mí me cuesta tirar las cosas y si llego a vieja tengo todas las papeletas para acabar siendo una de esas señoras raras que mueren rodeadas de varias toneladas de basura y que son sacadas por los bomberos después de una denuncia de los vecinos.

Hoy he tirado el contenido de dos armarios enteros. Me dolía el corazón, pero eran cosas que nadie quiere y que yo no puedo traerme a mi casa. Me dolía sobre todo porque eran cosas que mi tía abuela había tardado muchos años en recopilar y si supiera que todo se ha tirado no lo habría entendido. Me he sentido como si la traicionara, porque sé el valor que tenían para ella.

Habrá que hacer más viajes y habrá que tirar muchas más cosas. Qué pena. Toda una vida coleccionando libros y objetos para que acaben tirados, regalados a quien no puede apreciar la historia que hay detrás de cada uno de ellos o malvendidos en cualquier tienda.

Y luego están las cosas que no se pueden tirar pero que realmente no sirven para nada. Unas enaguas de mi tatarabuela, sin estrenar, tan almidonadas que se tienen en pie, bordadas a mano y de un algodón que ya no se ve por el mundo. Mi tía abuela las guardó porque eran de su madre y porque seguramente le daba pena tirarlas o hacer trapos. Me pregunto si se podrían donar a algún museo del vestido, o algo así. Tirarlas me parece casi un sacrilegio y hacer trapos ya no quiero ni pensarlo. Da vértigo pensar que alguien de mi familia se ponía algo así para andar por el mundo. Cuando lo ves en una película de época es diferente. Ver y tocar una prenda semejante en un armario y saber que perteneció a alguien de tu familia es como transportarte a otro momento. Por un instante, mientras me las ponía, me he preguntado cómo sería la propietaria de las enaguas, cómo sería su vida (de la que conozco pocas cosas) y qué sentía una mujer que pasaba tantísimas horas al día bordando prendas interiores como aquélla. Bueno, eso es lo que he sentido yo al probarme las enaguas, pero yo soy como soy. Mi madre y mi tía andaban por allá haciendo comentarios del tipo "qué de cosas hay aquí", "fíjate lo que aparece en este cajón", "no acabaremos nunca de tirarlo todo"... Me pone triste escuchar esos comentarios, aunque en el fondo sepa que tienen razón.

Es increíble la cantidad de cosas que acumulamos a lo largo de los años, y no digo nada si además de lo nuestro guardamos cosas de quienes nos precedieron (léase enaguas, vajillas de tiempo del imperio romano y correspondencia de cuando el correo iba a caballo). Desde luego el poder "acumulativo" varía mucho de unos a otros, hay gente muy desprendida que no guarda nada y hay quien colecciona hasta las tapas de los yogures y las ordena por fechas. En mayor o menor medida todos guardamos, coleccionamos y acumulamos. ¿Dónde está el límite? La idea de que alguien tire a la basura mi nancy setentera, mis cómics, los libros o los recuerdos de mis abuelos me pone tristísima.

Cuando he vuelto a casa y he cerrado la puerta detrás de mí, me he apoyado en una pared y he cerrado los ojos. Y he imaginado a mi sobrina Claudia, que aún no ha nacido, entrando por esa misma puerta y tirando todo lo que para mí significa tanto y que a ella sólo le parecerán un montón de trastos inútiles, sin comprender que cada uno de esos trastos tiene su propia historia.

miércoles 5 de agosto de 2009

Streets of fire


En el año 1984 yo tenía once años, un montón de pájaros en la cabeza y una película que me parecía lo mejor de lo mejor: Calles de fuego. Tenía música marchosa, tenía una chica guapa que hacía de estrella del rock, un chico guapo que hacía de poli, un malo malísimo que raptaba a la chica... vamos, que lo tenía todo.

A los once años yo tenía dos sueños. Marcharme de casa y convertirme en Diane Lane para cantar y vestirme como ella. Encontrar este vídeo en youtube me ha emocionado por todos los recuerdos que me ha traído a la mente, y de paso me ha reafirmado en mi opinión de que Diane Lane es una de las mujeres más guapas del cine. Lo suyo es auténtica belleza natural, y no lo que ahora se ve por ahí.

(Por cierto, atentos a un jovencísimo Willem Dafoe en el último fotograma del vídeo. Hace de malo, pero a mí me ponía a cien ya entonces y aunque hiciera de malo... ¡para que luego digan que las niñas de ahora son una salidas!)

http://www.youtube.com/watch?v=HEUqT9PThTg&feature=related
 
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