Hace un par de semanas, Susana de Retales de vida nos propuso el reto de tratar de ser mejores con la gente que nos rodea. La entrada se titulaba "¿Sinceridad?" y se puede leer aquí, así que no voy a daros el tostón reescribiendo lo que ella expuso en su momento.
Reconozcámoslo. Nos estamos volviendo torpes. Unos más que otros, pero todos somos torpes en mayor o menor medida. Algunos utilizarán la justificación de que la sociedad nos ha empujado a ser así. Tonterías.
Utilizamos la excusa de ser sinceros para poder ser desagradables con el prójimo, tanto si es un compañero de trabajo como si se trata de nuestro mejor amigo. El colmo de la sinceridad llega cuando no conocemos bien a la otra persona. Entonces hay barra libre para decir todos los disparates que se nos pasen por la cabeza y si a la otra persona le sienta mal, añadimos que no era con mala intención, que sólo pretendíamos ser sinceros. O sea, que si el otro se ofende, la culpa es suya y no nuestra porque "no sabe encajar las críticas". Olé.
Estamos tan acostumbrados a escuchar cosas desagradables que cuando alguien nos dice que estamos guapos o nos felicitan en el trabajo no nos lo creemos. Nos parece puro peloteo.
El reto de Susana consistía en que intentáramos ser sinceros con los demás pero desde una perspectiva positiva y sobre todo sincera. No se trata de decirle a todo el mundo que está guapísimo, pero si efectivamente alguien está radiante ¿por qué callárselo?
Bueno, pues me puse manos a la obra. La primera semana fue un desastre. Reconozco que tuve pocas oportunidades y supongo que no las aproveché demasiado bien, pero no quería que pareciera algo forzado. Naturalidad. Si no te sale, pues no te sale. En fin.
Durante esta última semana he estado de vacaciones y supongo que he tenido más oportunidades, pero se me había olvidado por completo. Así soy yo. Un desastrito.
Mostrarse cariñoso o simplemente amable con los demás es no sólo un reto, sino una forma de abrirse al exterior y tratar de acercarse a quienes te rodean. A menudo ocurre que aquellas personas que parecen más frías y duras suelen ser las más sensibles y tiernas, pero desgraciadamente nadie lo sabe y la culpa es sólo suya por no saber expresarlo o simplemente no atreverse. La timidez nos mata.
Lo que sigue es un fragmento del libro "El informe Hite de la sexualidad femenina". En contra de lo que muchos piensan, el libro no habla sólo de sexo, sino de relaciones afectivas y de cómo esas relaciones afectan a nuestra manera de vivir la sexualidad. Hay un testimonio que suscribo totalmente y que creo que ilustra claramente lo que siento y lo que pienso de todo este asunto de ser sinceros y cariñosos con los demás. La cita habla del afecto y del contacto físico, pero creo que es aplicable a este caso.
"El afecto físico y las caricias son importantes, tanto que lo considero extraordinariamente necesario. Hay tanta gente que sufre su falta que, si pudiésemos desembarazarnos de nuestro complejo social en este sentido, creo que más de la mitad de los psiquiatras de este país se quedarían sin trabajo. Pero la gente tiende a alejarse de una cuando se le toca o acaricia cualquier parte de su cuerpo. Supongo que estamos convirtiéndonos en un país de "no me toques", no sea que se despierte alguna emoción".
Quizá nosotros no seamos tan fríos como en otros países de Europa o América del Norte, pero independientemente de lo "cálido" que sea este país y de que aquí sí exista la costumbre de besarnos al encontrarnos en la calle, de sonreírnos y de acercarnos más de lo que se suele hacer en otras culturas, creo que en general podemos mejorar bastante en nuestras relaciones sociales, sobre todo en lo que concierne a amabilidad. No me sirve que mi mejor amiga me dé un beso al saludarme si su primera frase son un par de sapos.
El reto de Susana no acaba aquí. Es una especie de mantra que repito cuando me levanto por las mañanas aunque luego se me olvide. Me avergüenza olvidarme de algo así, porque creo que querer a la gente que te rodea o mejor dicho, DEMOSTRAR que quieres a la gente que te rodea no debería ser un esfuerzo tan grande para nadie. Y ojo, que no se trata de estar todo el día besuqueando al personal y cantando alabanzas a todo hijo de vecino o metamorfosearte en un pulpo de cuarenta tentáculos cuando estés con tu chico. Cada uno tiene su estilo y creo que todos sabemos a lo que me refiero. Una cosa es ser independiente y otra cosa es ser borde.
Al igual que Susana, os propongo que lo intentéis.

5 comentarios:
Esto de demostrar el cariño es más difícil de lo que parece. A todo el mundo le han hecho alguna vez un desplante, no se ha sentido querido en la infancia, ha dado más de lo que ha recibido. Hay que ser muy duro para no replegarte y medir más tus emociones.
Me parece que conocerse a uno mismo y quererse es primordial para poder trasladar eso al exterior.
Nada de lo que vale la pena es fácil.
Pues no se, yo es que creo que soy una persona cariñosa por naturaleza... Y me gusta ser sincera siempre con los demás igual que lo agradezco que lo sean conmigo, pero, hay que saber serlo también procurando no hacer daño, pues hay formas y formas de decir las cosas.
Mis amigos, me definen como una persona expresiva y cariñosa, tanto para lo bueno como para lo malo...
Yo tengo fama de cubito de hielo, y aunque aquí suelo explayarme en lo que se refiere a mis sentimientos y emociones, en la vida real a la auténtica Amaia hay que sacarle la información con sacacorchos.
Yo soy una borde y no tengo excusas. Me prometo intentar cambiar pero no confio en mi.
yo sí hago halagos cuando me sale con naturalidad. si puedo decir algo positivo, lo digo. y si no tengo nada positivo que decir, mejor no digo nada. soy consciente de lo mal que sienta cuanto te dan ciertas opiniones que no has pedido (que si deberías llevar ropa más moderna, que si deberías peinarte así o asá, que si deberías ser más abierto cuando estás con un grupo de gente, etc. etc.). afortunadamente ya no me pasa...
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